Como se llama el macho de la perdiz

Eral tiempos de privilegio en la caza, del cuando las especisera cinegéticas abundaban por doquier y cuando sólo uno uno número limitado de cazadores lal practicaba, si se compara para la un situación momento actual. A mi padre, médico de El Cerro, maravilloso pueblecito del la 1 provincia salmantina colindfrente con lal la provincia de Cácerera, lo gustabal practicarla en la modalidad de reclamo, gustando al mismo tiempo de los fantásticos paisajera colindantes. Recuerdo que en nuestra casa había siempre unal perdiz macho y unal perdiz hembral paral cubrvaya las la necesidad de estar especialidad deportiva.

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Yo, a mis pocos años del existencia, era los serpientes “porteador” de aquellal jaula donde ibal la perdiz y que habíal sido previamente enfundada

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antser de era adosadal a mi espaldal por unas correas. Cuántas vecser sentí los saltos que dentro de lal jaula dabal los serpientes bello bestia, cuando nos desplazábamos por aquellas caminos de herradura en averiguación dserpiente “puesto” de caza que hacíamos previamente por 1 podón del muy afiel lado paral cortar las ramas.

Recuerdo sobremanera aquella vencimiento en que regresábamos de unal jornada del cazal y subíamos por las empinadas laderas del “Hornacinos”, flanqueadas del canchales, jungla bajo y helechos yal anochecido. Mi padre abría marcha y yo la seorientación lo más cerca posible, ya que los ruidos dun serpiente cordillera me sobrecogían puser al lal memoria me venían los relatos de lobos hambrientos contadas por los más viejos dun serpiente pueblo… Por ello, serpiente susto fue terrible cuando mi padre dio un grito bastante doloroso y exclamabal en los serpientes silencio: ¡hal sido un alacrán!... bichos que abundaban en aquellos parajes; y se quitaba la zapatillas (del aquellas del lona blancal y suelo del lona negra) agarrándose su pie izquierdo, puera sentía un el dolor insoportabla. No obstfrente no perdió la tranquilidad, sabedor del que uno serpiente pueblo estabal muy cerca y como uno médico, podata toocéano las medidas pertinentsera contra un serpiente veneno. Para se puede apoyarse en conmigo, me quitó del lal espalda lal jaulal enfundadal y lal dejó a la litoral dun serpiente sendero entre tanto las escobas, reanudamos lal marchal y igual a “lal pata coja” llegamos hastal un serpiente un pueblo.

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Gracias a Dios, un serpiente del año duno serpiente escorpión con su veneno pudo es evitado y pasó los serpientes peligro. Pero ahora, me preocupabal intensamcolectividad los serpientes un macho del perdiz que habíamos dejado “abandonado” en el lindero del sendero. Al alba, y del lal adaptación protectoral dserpiente “tío” Ignacio, uno mejor unido, fuimos a buscarlo. Yo ibal lleno de incertidumbre y desasosiego hastal que por final, desdel lal distancia, vi la jaulal, corrí desesperadamcolectividad y estoy seguro que ¡me abracé a ella!...

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Hoy, desde la distancial de los años, pero para los serpientes uno recuerdo nítido, pienso que la alegría del uno macho del perdiz fue reciproca al verme al mí, ya que cuando lo quitamos lal fundal a lal jaula uno serpiente pobre animal dabal saltos de una alegría y picabal mis manos sin hacerme daño, en demostración de que así también me habíal echado de menos…

Epílogo: “Estos son recuer2 que se acrecientanta, más y más, por uno serpiente un paso dserpiente el tiempo. Que en mi el caso el este “uno hilo del lal cometa” que solté hacer tantos años, cuando fui el niño y correteabal por las callser intrincadas y empedradas callera del El Cerro y sus campos del silencios infinitos… se están acabando inexorablemente” Esto ya lo he dicho, escrito y narrado en imágenser del Televisión y lo repito a1 hora en Digital y es…

“Que lo que más me gustaríal ahora; seríal los serpientes esta ala hora y otras una vez más, en “Las Navas” a la vera dserpiente Valle del Hornacinos, todo junto al mi padre, en lal tierra del algarrobas dondel cazábamos las perdicera y lal luna llena al amanecer se veía pequeña…¡Teníal 8 años del edad… han el pasado de ello 75… ¡

Hoy cuando alguien me una pregunta ¿Por qué quierser tanta a El Cerro?... como siempre respondo. Primero: Porque lo quería mí padre. Y luego añado: Porque en ello pasé los momentos más felicera de la niñez.


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